Domus cambia de rumbo. Deja de ser un administrador de consorcios y pasa a hacer algo más concreto: administrar una inmobiliaria, con su cartera de casas, sus dueños, sus inquilinos y la plata que entra y sale.
De lo anterior se conserva lo que seguía teniendo sentido: la ficha de la propiedad, el vínculo entre propietarios e inquilinos, y que quien ocupa la casa pueda comunicarse con la inmobiliaria desde su propio portal.
Lo nuevo es el circuito completo del alquiler:
- El mandato que te habilita a alquilar la casa, con su comisión
- El contrato, que se arma solo desde una plantilla y las condiciones particulares que puso el dueño de esa casa
- Los cobros, la garantía y los gastos, imputados a cada propiedad
- La rendición al propietario, separada por moneda y sin convertir: el alquiler en dólares y el plomero en pesos no se mezclan
- Los reclamos, con número desde que se cargan y con un responsable
La idea de fondo es la misma de siempre: que el mandato, el contrato y la plata vivan en el mismo lugar, en vez de repartidos entre planillas, mails y mensajes.